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En el Día Mundial del Reciclaje, Phenix recuerda que la sostenibilidad alimentaria empieza antes del contenedor: evitando que productos aptos para el consumo acaben convertidos en residuos.

Cada 17 de mayo, el Día Mundial del Reciclaje invita a reflexionar sobre la importancia de separar, recuperar y dar una segunda vida a los productos todavía aptos para el consumo, evitando que se conviertan en residuos. Sin embargo, en el caso de la alimentación, el reto empieza mucho antes, cuando un producto apto para el consumo acaba convirtiéndose en desperdicio, no solo se genera un residuo, sino que también se pierden todos los recursos utilizados para producirlo, transportarlo, almacenarlo y conservarlo. 

Bajo esta premisa, Phenix, empresa especializada en la gestión del excedente alimentario, recuerda que el verdadero impacto no está solo en reciclar, sino en evitar que los excedentes se generen y, cuando aparecen, darles una segunda vida mediante su reutilización o donación antes de que se conviertan en residuos. Una visión que implica tanto al sector retail como a los consumidores, dos actores clave para evitar que los alimentos en buen estado terminen fuera del circuito de consumo. 

Cada alimento desperdiciado implica mucho más que una bolsa de basura. Detrás de cada producto que se tira hay agua, energía, transporte, refrigeración, envases y emisiones que ya se han producido y que no pueden recuperarse completamente, aunque parte de sus materiales puedan reciclarse. Por eso, avanzar hacia modelos alimentarios más sostenibles exige desplazar el foco desde la gestión del residuo final hacia la prevención apostando por la prevención y la reutilización del excedente a lo largo de toda la cadena. 

Del contenedor a la prevención, un cambio necesario 

En el sector alimentario, una vez que un excedente ya no puede destinarse al consumo, existen distintas vías para gestionar sus residuos, como el compostaje o la valorización energética. Sin embargo, cuando el alimento se desperdicia, gran parte del impacto ambiental, económico y social ya se ha producido. Por eso, la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir el desperdicio alimentario. 

Supermercados, tiendas de alimentación y operadores de distribución cuentan hoy con herramientas para ajustar mejor la oferta a la demanda, optimizar la gestión del stock y reducir la generación de excedentes, aunque siempre exista una parte difícil de evitar. ajustar mejor la oferta a la demanda, optimizar la gestión de stock y activar soluciones que permitan dar salida a productos aptos para el consumo antes de que pierdan valor comercial. 

En paralelo, la prevención del desperdicio también empieza en los hogares. Según la 3º edición del Barómetro de AECOC en colaboración con Phenix, sobre Desperdicio Alimentario, el 54% de los consumidores tira alimentos porque se le olvidan en la nevera o la despensa y acaban pasándose. Este dato refleja que el reto no pasa únicamente por reciclar mejor una vez generado el residuo, sino por incorporar hábitos y herramientas que ayuden a evitar que el alimento llegue a ese punto. 

Planificar la compra, revisar lo que ya hay en casa, conservar correctamente los alimentos, diferenciar entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente o aprovechar las sobras son gestos cotidianos que pueden reducir de forma significativa la cantidad de comida que termina en la basura. Así, retail y consumidores se enfrentan a un mismo reto desde espacios distintos, actuar antes de que el alimento se convierta en residuo. 

La tecnología como aliada para evitar que el excedente se convierta en residuo 

La tecnología se ha convertido en una herramienta clave para avanzar hacia una gestión más eficiente de los excedentes alimentarios. Las soluciones digitales permiten identificar productos con riesgo de desperdiciarse, activar respuestas en tiempo real y conectar esos alimentos con consumidores u organizaciones que pueden darles una segunda oportunidad dentro del circuito de consumo. 

A través de soluciones dirigidas a empresas, Phenix contribuye a que productos aptos para el consumo encuentren salida antes de convertirse en residuo, impulsando una lógica más preventiva y circular en la gestión alimentaria. Este enfoque permite actuar en distintos puntos de la cadena: desde la optimización de excedentes en supermercados tienda a tienda hasta la sensibilización de los hogares sobre el valor de los alimentos y la importancia de consumir con mayor planificación. 

La evolución hacia modelos alimentarios más sostenibles pasa por reforzar la prevención, mejorar la medición del desperdicio y consolidar herramientas que permitan actuar con anticipación. En este sentido, el Día Mundial del Reciclaje se presenta como una oportunidad para ampliar la conversación: reciclar mejor sigue siendo necesario, pero prevenir la generación de excedente y  reducir el desperdicio antes de que se genere es el primer paso para disminuir el impacto ambiental, económico y social asociado a los alimentos que no llegan a consumirse. 

“Reciclar es una palanca fundamental para avanzar hacia modelos de consumo más sostenibles, pero en alimentación debemos ir un paso antes: evitar que un producto apto para el consumo llegue a convertirse en residuo. La verdadera economía circular en el sector alimentario empieza por prevenir, medir y gestionar mejor los excedentes. El reto no es sólo reciclar mejor, si no desperdiciar menos y aprovechar mejor los recursos disponibles”,señala Alejandro Andreu Vilà, Head of Iberia de Phenix.

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